Por Keith Harrell - Snohomish, Washington
Traducción por Rocio Romo-Burkhardt - Yakima, Washington
Es difícil contra una historia que no haya sido contada anteriormente, y me imagino que esto tiene sus cosas buenas y malas. Así que, nuestra historia es como otras tantas, pero espero que pueda ofrecer algunas guías y puntos de vista que hagan nuestra historia única.
Mi esposa y yo supimos que Megan nacería con síndrome de Down tres meses antes de que naciera. Pasamos por el proceso de duelo que acompaña toda pérdida - en este caso, la pérdida de la hija “perfecta.” Nos preguntábamos de lo que Megan podría hacer. Nos preocupábamos muchísimo. Cuando Megan nació, sentimos un gran descanso, porque el periodo de incertidumbre ya había pasado. Ahora teníamos a esta pequeña personita en nuestras vidas y ahora si podíamos enfrentarnos con la realidad de quien era Megan en vez de lidiar con nuestros miedos acerca de lo que hubiera podido ser.
Meg fué una bebé relativamente fácil, ya que ella dormía por las noches desde cerca de la primeras 6 semanas. También fuimos bendecidos por el hecho de que ella no tuvo algunos de los problemas de salud que afectan a los niños con síndrome de Down. Conforme crecía y llego a la edad de gatear ella fué como una “patineta” por mucho tiempo, se deslizaba en su trasero por toda la casa, cargaba con ella sus juguetes mientras se le desgastaban sus pantalones de la parte trasera en los pisos de madera de la casa. Estuvimos muy emocionados cuando finalmente empezó a caminar a los veintisiete meses, pero entonces también empezó a correr. Me acuerdo un día estando con Megan en Penny’s que se la pasaba riéndose y corriendo de un lado a otro, no hay mayor miedo para un padre que el tener a una hija que corre tan de prisa sin miedo alguno.
Fuimos muy afortunados al tener los beneficios de Little Red School House (Everett, Washington) por los primeros tres años de la vida de Meg, Ahi nuestra familia recibió el apoyo emocional que necesitabamos y Meg recibió la terapia y educación que requería. Cambiarnos al sistema educativo público fue un gran choque emocional, Tuvimos que encontrar nuestros propios medios, intentamos atender la escuela regular en el Kinder - con resultados desastrosos, Megan se salió del salón de clases varias veces, y fue muy claro que el programa no estaba enfocado para lidiar con alguien como Meg. Tuvimos que tomar una difícil decisión al cambiarla a un lugar con educación especial.
Muchos padres que tienes hijos(as) con necesidades especiales tienen sentimientos muy fuertes relacionados con la educación escolar regular. Lo que yo puedo decir respecto a Megan es que el sistema de educación especial con programas individuales ha sido el mejor ambiente. Meg es lo suficientemente inteligente para saber que no puede ponerse a la altura de un niño(a) “típico.” Ella quiere ser exitosa, y en un salón de clases lleno de niños(as) con habilidades diversas ella tiene la oportunidad de sobresalir. Megan ha sido Blanca Nieves en una obra de teatro en su clase y trabaja como asistente de la bibliotecaria en la escuela a la que va.
En los últimos años, Meg ha participado en futbol Soccer, Equifriends (montar a caballo), y a tomado clases de natación. Meg es fanática de los Marineros y su jugador favorito es Ichiro. Cuando es la temporada de baseball, y llega el periódico en las mañanas, Meg abre la sección de deportes para saber si los Marineros ganaron o perdieron. Si los marineros perdieron, ¡aguas! Megan ¡no es féliz! Nosostros vamos a un juego juntos una vez al año y tratamos de ir a ver a los Aquasox un par de veces también. Creo que Meg va mucho mas por la comida que por el juego, aunque definitivamente es mucho mas feliz si nuestro equipo va ganando. También vamos a caminatas por las montañas en el verano, aunque vamos a lugares que son fáciles de caminar y que tienen lugares para descansar aquí y allá. Meg acostumbraba a sentarse mucho cuando ya estaba cansada y no se quería mover, pero ya no hace eso. Sin embargo, Meg puede ser muy terca cuando quiere. De hecho ella es una adolescente típica (acaba de cumplir catorce años) “Papááá” lo dice con esa vocecita de adolescente cuando no quiere hacer algo. Mi esposa y yo estamos convencidos que si Meg fuera una adolescente típica, ella sería las que nos mantuviera despiertos toda la noche preocupados por su rebeldía. Pero la verdad es que nos preocupamos de otras cosas…
¿Vivirá Meg todo el tiempo con nosotros? ¿Cómo será la preparatoria para ella? ¿Qué haremos para mantenerla ocupada conforme va creciendo? ¿Qué haremos para mantenerla ocupada el día de hoy? Cuando Meg regresa a la casa de la escuela seguido nos pregunta “¿Qué plan tenemos para hoy?”
¿Cuál es el plan? Seguir viviendo nuestras vidas, tratando de llevarla un día a la vez. Cada día trae nuevos retos, nuevas alegrías y ocasionalmente - nuevas tristezas. No exagero al decir que Megan me ha abierto los ojos a un mundo que yo no sabía que existiera. Cuando yo iba creciendo, no estuve expuesto a nadie que tuviera necesidades especiales. El haber tenido a Meg me ha enseñado más acerca de la vida que ningún otra experiencia que he tenido. Ahora soy una persona mucho más cariñosa y con mas compasión que antes de que naciera Meg. Meg me ha enseñado un mundo de alegrías ( y tristezas) que nunca antes había experimentado. Nuestra familia continuará teniendo experiencias emocionales con sus altas y sus bajas, como todas la familias tienen, Nosotros caminaremos cada día en esta jornada nuestra, sabiendo que es una jornada de por vida.
Keith vive cerca de Snohomish con su esposa y sus dos hijas. El es un ávido ciclista y es miembro por mucho tiempo de Little Red School House en Everett, Washington. Keith es también el facilitador de la Red de Padres en Snohomish County.