El Gran Juego

 

El Gran Juego
Por: Bill Abbott
Editado al Español por: Rocío Romo-Burkhardt

Una tarde me encontraba leyéndole a mi esposo artículos de Padres Excepcionales. Cuando terminé la sección Voces de Padres, alcé la vista y vi lágrimas rodando en la adusta cara de mi esposo. Es algo bueno, dijo y se salió del cuarto, avergonzado por el conflicto de sus emociones.

Varias horas después, me emocioné al encontrar a mi esposo escribiendo sobre un cuaderno ya gastado. Mis dos hijos continuamente le pedían atención pero Bill estaba totalmente enfocado en el proyecto que tenía en mano. Por fin suspiró profundamente, se acomodó en su silla y dijo: ¡Esta es mi historia!. Mi esposo nunca ha sido una persona de muchas palabras o expresiones, después de haber leído su propia historia sobre la relación que tiene con nuestro hijo Gregory, me rodaron las lágrimas a mí también. ¡Esto es hermoso! Le dije, ¡Déjame mandarlo a la revista Voces de Padres!, me contestó que no le importaba si lo mandaba o no, dijo que él se sentía bien de haber dicho lo que sentía.

Después de que nació nuestro segundo hijo Patrick, quien ahora tiene ocho meses, hemos descubierto que tendremos nuevos temas y desafíos cada día. Aquí les envío la historia de mi esposo, la voy a guardar para que mi hijo la lea cuando sea mayor.

-Cuando esperaba que mi hijo naciera, yo era como cualquier padre. Soñaba con tener a mi primer hijo, imaginaba como iba a enseñarle a tirar una pelota de futbol. Cuando yo era pequeño mi vida era practicar deportes. El día que nació mi hijo Gregory es un día que nunca olvidaré. Cuando el doctor dijo: ¡Es un niño!, estaba en las nubes. La realidad me dio una sacudida. Después de un parto largo y complicado, Gregory se encontró con una herida en el cerebro. Lo llevaron de emergencia a otro hospital más grande donde se quedó por dos semanas en cuidados intensivos. Por lo menos se encontraba con vida pero yo me sentía completamente atado sin poder ayudarlo.

Al paso de los meses empezamos a notar que Gregory no estaba haciendo las cosas que otros niños de su misma edad sabían muy bien. Después de varias visitas a diferentes especialistas, tuvimos que enfrentar la noticia de que tenía Parálisis Cerebral. Yo manejo un camión. La noche en que mi esposa Cara me dio la noticia, me encontraba en Oklahoma city, Oklahoma. Estaba enojado con todo el mundo, le pregunté a Dios y a mi padre, que en paz descanse, ¿por qué me estaba pasando eso a mí? Como si yo fuera al que le habían diagnosticado la enfermedad cerebral.

Cuatro años y medio después el “hijo” le está enseñando al “papá”. Gregory me ha enseñado que él tiene más corazón y ganas que cualquier jugador de pelota que yo he conocido. La enfermedad cerebral de Gregory afecta su mano y pierna derechas, el habla y el modo de balancear su cuerpo. Mientras le observo que trata de caminar y usar su mano enferma, me tengo que detener para no ir a ayudarle porque yo sé que será mejor que lo haga solo.

Yo siempre soñé con ser entrenador (coach); pues se me concedió el deseo. Dándole consejos y ánimo a Gregory para que sea independiente, será el juego más grande para el que lo entrenaré. Las habilidades que le enseñe serán desde tirar una pelota hasta como subirse y bajarse los pantalones.

Podría hablar sobre mi hijo todo el día, porque para la mayoría de los padres el primer paso que dan nuestros hijos es fascinante, especialmente cuando tu hijo de dos años y medio necesita botines de metal para poder dar sus primeros pasos. Verle es un milagro. Con gusto tomaría su lugar, si eso hiciera su vida menos pesada. Sin embargo, mi hijo me ha enseñado que no tengo porqué preocuparme, él tiene ganas de cumplir cualquier cosa de importancia que decida.

Gregory es mi hijo y mi mejor amigo. Hay una parte de mí que únicamente él sabe y entiende. Enseñarle cómo moverse sin problemas hacia el baño, es una recompensa mucho más grande que ganar el Súper Tazón, la serie mundial o la copa mundial.