Ni Por Cinco o Diez Centavos

 

¡Ni Por Cinco o Diez Centavos!
Por: David Cameron
Edición al Español: Rocío Romo Burkhardt

¡Las luces! la cosa es las luces . Y el dar vueltas y vueltas. El sonido y el color también nos atrae. Los boletos cuestan cincuenta centavos...bueno pues por unos varios minutos de pasearse en el carrusel con las luces que dan vuelta, vuelta. Cincuenta centavos compra muy poco hoy en día, así es que gastarlo en unos pocos minutos de placer vale la pena - - especialmente por esos pocos minutos, Willis grita al igual que los otros diez o quince niños. Su sonrisa de dientes molachos no esta fuera de orden. Su inhabilidad de hablar no hace ninguna diferencia. Él es un niño de cuatro años y se encuentra en un lugar donde un niño de su edad debe estar.

Voy a la caseta de boletos. Una mujer cariñosamente pone su torta hacia abajo y se limpia la mayonesa de su sonrisa. ¡Uno! digo yo, con dos pesetas en una mano y Will en la otra. Rompe los boletos y se dirige a mí a través de la barra donde los otros niños esperaban a subirse.

Al dejar la caseta de boletos, Will hace ¡la cosa que Will hace!, - - grita y baila como parte de la respuesta que lo ha estimulado, lo cual yo comparto. Yo ni siquiera lo pienso. Es parte de quien Will es y la relación que tengo yo con él. Pero la persona que toma el boleto lo observa. En una voz lenta me comenta, ¿ esta discapacitado? ¡Oh Dios mío sí! Ay ¡Dios mío no! Dios lo sabe. ¡Sí! Yo le digo, pensando porque me preguntó y porque me sentí que tenía que contestarle. Entonces, dice “el boleto de él ¡solamente le cuesta treinta y cinco centavos! Los niños discapacitados reciben un descuento.”

No me entiendan mal. Si, que bueno que hay lugares de descuento, algo muy necesario para padres con muchos gastos, lo cual ayuda. Pero, la forma como se estereotipa, es muy cara. Por unos minutos de paseo sobre el carrusel, si Will se contenta: si él puede simplemente ser como los demás, si él puede pasar un instante sin ser juzgado yo con gusto dejaría de pagar por el descuento. No cambiaría esos momentos ni por cien dólares y a decir verdad ¡ni por cinco o diez centavos!

Will Cameron se pasea en el carrusel en Greensboro, North Carolina, donde él vive con su hermana, Katie de seis años, y sus padres, David y Kathryn. Kathryn es una Pastora asociada con la Primer Iglesia Presbiteriana en Greenboro; David es un Pastor Presbiteriano y terapeuta en el Centro de Consejería Presbiteriana. Will quien tiene Autismo, está aprendiendo como comunicar con idioma a señas y otros métodos. Cuando no está en la escuela a Will le encantan sus clases de gimnasia semanales, su casa arriba del árbol, el hula hoop, y su llanta.

David M. Cameron Publicado en ¡Voces de Padres! de la revista Padres Excepcionales, Julio l994